
La venganza es mala. No hay duda en ello y no quiero parecer estar defendiéndola ni mucho menos. Sin embargo la venganza no es un mal originario, sino más bien la contraparte o respuesta a un mal anterior.
No es sano desear la venganza. Pues uno pierde tiempo y esfuerzo en ello. Es ideal para la sanidad del alma y la mente saber perdonar y dejar atras el agravio. Sin embargo hay casos en que sabemos, eso es humanamente imposible (pues perdonar es divino). Cuando el daño es muy grande y no ha sido hecho por error, sino con toda intención o peor aun, mediando traición, es natural buscar la venganza y reprimirla puede ser negativo, no solo para el afectado.
Tanto el Cristianismo, como el Taoísmo (y otras filosofías orientales) nos hablan de la importancia del equilibrio y los perjuicios generales que conlleva su alteración. Es emblemático el caso del pecado original, la primera ofensa del hombre a Dios, no solo trajo consecuencias sobre los responsables (Adán y Eva) sino también sobre sus descendientes y más aun, la creación completa (por ejemplo, la depredación entre los animales, es consecuencia de este hecho).
Cuando estamos en paz con todos, existe un equilibrio, pero cuando alguien nos agrede el equlibrio se rompe y solo quedan dos caminos: perdonar -pero de verdad, al punto de autoconvencernos de que nunca existió la ofensa- y retomar así el orden, ó hacer justicia y cobrarnos venganza, para que la balanza vuelva a cero.
De lo contrario, si somos incapaces de olvidar y nos negamos el derecho a la vendetta, empezamos, sin saberlo, a alterar el orden del mundo: nos desquitamos inconcientemente con quienes nada nos han hecho, pues nuestro resentimiento nos hace ser groseros, y al amargarles el día, ellos se lo amargarán a otros, y así.
Para hacer justicia y evitar este caos, yo soy partidario de la Vendetta. A mí varias veces me han hecho algunas bastante feas, con traición y dolo incluídos. Afortunadamente Dios me quiere, y justo cuando estoy a punto de condenarme al brasero eterno planeando una siniestra revancha, es Él mismo quien hace justicia por mí y termino viendo pasar el cadaver del traidor por mi ventana.
Esa es una tercera vía. Esperar, que Dios o "el universo" -si Ud. es ateo- haga justicia por sí mismo y vuelva a su orden. Así es como las cosas deben ser, que jamás pague un inocente los pecados de un traidor. Das vedania.